Es lento el crecimiento de las hojas sobre las ramas del viejo Liquidambar. Se llenan de aire los rincones porosos de la corteza que se ensancha capa a capa con el transcurso de los días y los años. Respira suavemente, como pasando cuentas a un rosario infinito; una oración sin dios, una plegaria profana balancea ligeramente el tronco que no termina de medir el tiempo. Las raíces se expanden dibujando entre la tierra, como manos ávidas de caricias, ávidas de trazos sobre un papel largo, ancho, alto y profundo. Es lento el crecimiento de las hojas como es lenta la expansión del bosque sobre la estepa árida, vasta y tranquila, donde habita solitario el viejo Liquidambar.