Halcones

Cuantas veces numerosos cantos
como halcones surcaban la tarde.
Era poco el tiempo que quedaba en la rivera
de una noche apagada y solitaria,
de un día cálido y tranquilo.
Tantas eran las alas de aves migratorias,
tanto el ruido, que rugía el peso de sus cuerpos
ola a ola de sonido.
Los cantos derribaban muros
en aquel entonces,
para luego callar,
como levando anclas, los barcos
prontos a arribar a su destino.