Cosmogonía

Hágase la voluntad del agua

Nací en el valle de un río que había sido
un río que serpenteaba
quizás ya solo en la memoria de los mayores
como el agua que no nacía más junto al Nogal.

Me crié pisando pasito
al entrar al bosque donde estaba la mana
-origen de todo, primer comienzo-.

Anidando en la copa de un árbol pequeño
me encontraba el silencio
el arrullo de la montaña en sueños
y el despertar dulce del poleo.

Por el camino hacia la casa de la abuela
aprendí a volar unos cuantos metros
-ese vuelo torpe de polluelo lo guardé
como un secreto, una vocación de alas
escondida en el paso lento de las nubes
en tiempos de verano-.

Aprendí a recibir consuelo del viento
de la quietud aparente de las piedras
la fuerza que, todavía hoy, a pesar de la gravedad
me levanta de la cama en las mañanas.

Aprendí a ver en la transparencia del rocío
la multiplicación de los estados cambiantes
del agua y de la luz.

Lo que me hacía latir la sangre adentro
hacía caer la tarde detrás de la montaña
-los cerros de Majui eran espejos
del cielo en llamas; su rubor, 
al alcance de mis manos, me ruborizaba-

temprano cuando estrenaba su canto el bababuy
hacía caer el cielo hasta llenar de niebla el valle
-la gran acacia, allá abajo, un velero negro
en medio de una laguna blanca-.

No invoco esta infancia bucólica con nostalgia
no es el reino de la inocencia
ni un paraíso perdido,

como presente de lo pasado que hace mutar
la cualidad especiosa del presente
vuelvo a ese tiempo porque hoy
me resulta contemporáneo.

La revelación, la epifanía de un llamado
(no existe valle sin montaña).


[El resto de mi vida bien podría ser un pie de página
el persistente fracaso de aclarar en el lenguaje
lo que ha sido, desde siempre, claro al corazón]


En el principio era el Agua
(escucha con atención el relato).

Montañas se suceden por montañas
océanos desembocan en océanos

y una abundante catarata
despeñadero cósmico, precipicio sin abismo
delta de todos los ríos y todas las fuentes
primer contacto erótico entre la tierra y la mar.

En el principio era Agua
y Agua humedeció a Tierra

del pulso en sus entrañas
a la respiración agitada de su pecho

el aliento de un grito de placer
engendró a Cielo

su nacimiento, sin espera
estaba todo hecho de luz

-estrellas desintegrándose
entre los dedos del cosmos

fuego, siempre vivo
acariciando la piel del planeta
avivando el latido en su interior-.

En el principio
fue la danza de Agua
fue el canto de Tierra

entretejidas, enmarañadas
en tierno abrazo

Agua adentro de Tierra
Tierra adentro de Agua.

Y la piedra se rompió en mil pedazos.

En ascenso, las aguas
el amplio seno de Tierra
florecieron.

En descenso, las aguas
la inmensa catarata
la mar.

En la primera raíz
en el suspiro de la primera hoja

la risa de las nubes
la invención del color.

En el principio 
fue la danza planetaria

la vida breve
del día y de la noche

como el cielo, parpadea
-juega el relámpago
con el ritmo del tiempo-.

La oscuridad
hija de la luz
hija de la oscuridad

como el cielo, parpadea
abre y cierra la semilla

en el reino de los sueños
tantos nacimientos
tantas muertes
acumulándose, como el polvo
en la repisa.

Todo comienza con el agua
y con el agua termina

todo comienza con el fuego
y con el fuego termina

la tierra…

y el viento…