El agua y el pensamiento

doy al agua la luz
que hay en mi pecho
la roca abre la cadera 
llama la nube al piso 
-donde está la cabeza-
la cima de colinas inclinadas
es abrazada por el viento

La poesía es un modo de hacer que permite articular el lenguaje de la montaña con el lenguaje del cuerpo. Porque el sentido se mueve entre los tendones y la roca, entre la laguna y el pubis, entre la sangre y la ceniza, entre el corazón y la luz, el viento y la garganta, el agua y el pensamiento…. Aprendí de las hermanas mayas y aymaras, feministas comunitarias, a sentir el tejido que ata nuestro cuerpo al territorio (por esto, infinita gratitud a la Red de Sanadoras Ancestrales y al feminismo comunitario antipatriarcal).

Los territorios son realidades históricas, y su política es de orden cósmico porque todxs lxs seres humanos estamos entramadxs con múltiples otrxs seres y fuerzas de la vida en el planeta. La trama de la vida no es exclusivamente humana, así como no lo son las relaciones políticas que producen las espacialidades de lo común.

Hay quienes fuimos arrojadas en el río caudaloso de la temporalidad colonial del Sur político, como un nudo de anzuelos, un arrume de privilegios y algunas pocas discriminaciones a consecuencia de generaciones persiguiendo el blanqueamiento, el ascenso de clase y la adecuación a la heteronorma. Este legado hizo de la máscara blanca* el rostro que veo en el espejo, la visión arribista/racista que me oculta la india interior, la negación del pasado bastardo, de la violación originaria (¡gracias, María Galindo, por devolver la fuerza revolucionaria a la bastarda!). Esa máscara blanca es una atadura de anzuelos, que pican, que constriñen las trayectorias del deseo en el entramado de cuerpos diversos, y aniquilan intercambios y encuentros que escapan la lógica de la acumulación de valor y capital.

Hay un desgarramiento en cada hacerme blanca, un romper la raíz arrebatándole la tierra. Parecía poco el precio por acceder a algunas parcelas del «mundo civilizado» y la «alta cultura», para acceder al privilegio racial. Pero la herida supura, la pérdida de la tierra me duele adentro y afuera. Y en el marco de las negociaciones, el privilegio ha sido la libertad condicional de un cautiverio; su doble filo da con una mano, lo que quita con la otra. La promesa del blanqueamiento es el espejismo de una tierra prometida que nunca será otorgada, mantener la ilusión de la promesa permite mantener la espacialidad colonial del arriba y el abajo.

En este peculiar lugar de enunciación, se me impone la pregunta de cómo retejer los hilos con la tierra, de cómo volver a enterrar la raíz, el ombligo y el corazón. Esto es preguntar por lo que me vincula a territorialidades en resistencia al monstruo de tres cabezas,** en resistencia a los espejismos de la promesa de blancura. Las mujeres ancestrales nos dejan la tarea de encontrar los hilos para seguir tejiendo, para aprender a hacer de nuestro cuerpo territorio y del territorio cuerpo, a participar del hacer posible la vida en común, el buen vivir comunal.

La poesía, en su capacidad de habitar diversos desbordamientos puede revertir el empobrecimiento del lenguaje, excesiva o exclusivamente centrado en lo humano, y en ciertas parcelas de lo humano. La práctica poética puede contribuir a descentrar la humanidad, y dentro de ella sus hegemonías, esto es, aprender a habitar lo que excede, lo que queda fuera de los límites del sentido domesticado por las verticalidades y totalitarismos del poder.

La práctica poética, entre otras praxeis, puede devolvernos, a quienes nos fue arrebatada, la compartencia de la palabra entre los múltiples seres que habitamos la tierra (gracias, compañerxs zapatistas, por insistir en la compartencia). Puede tal vez permitirnos participar de la conversación de la que fuimos excluidas por el legado y la aspiración colonial: nos desenterraron también de la palabra común entre seres humanos y más que humanos. Puede tal vez permitirnos volver a hablar con el agua, el páramo, el fuego, el viento, la laguna… (gracias, hermanxs kishú, por permitirme aprender del camino de vida y sabiduría y de su relación con la mayora, corazón del pueblo Kishú). La práctica poética que busca retejer esos lazos es contra hegemónica, emancipadora y, en este sentido, cosmicopolítica (gracias al feminismo comunitario territorial por esta poderosa expresión, que es también una invitación a sentir, pensar y actuar).


* Alusión al bellísimo libro de Franz Fanon: Piel negra, máscaras blancas.

** Alusión al poema de Raquel Lima, así titulado; se refiere al capitalismo, el patriarcado y la colonialidad.