Páramo

I
Piedra a piedra se abre el camino
Sangre, sudor y frío, antiguos. Aire sutil en la ladera
Respirar profundo como lo hace la montaña
Y contarle los tiempos al paso lento de las nubes
Cuando cuerpos entran en otros cuerpos
Aletea agua en la roca
Rugido helado del viento.

Al abrigo plateado y verdoso de un dosel ausente
Centenares de ramas enmarañadas
Al vuelo del águila blanca. Hojas ásperas se tocan
Al rayo de la luz humeante se filtran lagunas diminutas
Al canto opaco y traslúcido del sol
Se hincha el musgo
Se humedece la tierra.

II
Un deseo cercado por el viento de las cumbres
Olvido, que se extiende en el valle hasta las comisuras de la falda
Olvido, que se adentra en la médula, color ceniza
Olvido que no falla. El umbral de una puerta
en la corona de las espeletias
Y una mano abierta
Y una mano abierta
Toca otra mano abierta
Entre encenillos agudiza la mirada
Emprende vuelo de semilla

III
Llegar no al cielo, sino casi al cielo
Quiebre del tiempo que deja atrás otros tiempos
Quiebre del lugar que deja atrás otros lugares
El páramo tiene signo de pregunta
una pregunta de aire.

La luz se pierde en las esquinas
Piedras transparentes se derraman
En el lecho de un riachuelo negro
Silencio sobre silencio
Guarida de noches inclinadas
Astros que van a dar al suelo
Adentro las lagunas saludan sus ancestros
Con un saludo de fuego.

La roca y la ladera van caminando lento
Casi les sigue el paso este andar de nubes
Este anidarse de raíces en hielo
¿De dónde soy?, ¿de dónde somos?
Una pausa sostiene el límite de arriba
La cima conteniendo el aliento del cielo
Una pausa sostiene el límite de abajo
Deja pasar el bosque como recuerdo del bosque
Deja pasar la casa como recuerdo de la casa
Calor de hogaza en la cocina
Calor bajo la piel húmeda de la tierra
Calor en la coronilla de las puyas en celo.

¿De dónde soy?, ¿de dónde somos?
Se abre la intimidad de la estepa ondulada
Como una joya reluciente
Sobre la superficie de las hojas:
Soy de aquí, somos de aquí.